Punto 5. El taller metalúrgico

Punto 5. El taller metalúrgico

Se trata del Edificio IV, y consiste en un cuerpo exento ubicado a la parte central del poblado, desplazado ligeramente hacia poniente. Se construyo totalmente de nueva planta, sin tener presente estructuras anteriores, las paredes presentan grosores de entre 50 y 60 centímetros, y en este caso no parece que el zócalo de piedra fuera muy elevado, lo que hace suponer que a partir de un cierto nivel los muros fueran recrecidos con arquitectura de tierra.

Todo y que la parte más septentrional está bastante arrasada, parecería que el edificio abría tenido una planta cuadrangular de 12.5 metros de costado (155m2). El recinto quedaba dividido en 2 partes, la septentrional, mucho más arrasada, de la cual se desconoce su distribución y características. Y la meridional, en la que se observan tres habitaciones intercomunicadas entre ellas por un paso de 1.5metros de ancho. La estancia oriental tiene una estructura más cuadrangular, mientras que las otras dos responden a una planta del todo rectangular de 6.4 x 3.2 metros. En las tres estancias existían sus respectivas chimeneas localizadas en una posición centrada, hechas con planta de argila, y dos de ellas con una decoración perimetral que consiste en dos ranuras de un centímetro de grosor. A parte también se localizan diversos hornos de reducción.

La estancia situada más a poniente seria donde se haría la combustión y la reducción de los metales, y por este motivo muy probablemente se encontraría al aire libre o semi-descubierta. Las otras dos serian salas de estoque y obrador, con la presencia de puntos de soporte a la de más a levante que indicarían la existencia de algún tipo de mobiliario interno: posadas, estanterías, mesas, etc. Las escorias y herramientas de hierro, piedras de azurita (un mineral con un alto componente de cobre) y utensilios de bronce, o coladas de plomo muestran el trabajo de estos elementos. Pero también se ha determinado, gracias al análisis de tierras residuales, el tratamiento del latón, una aleación que no se utiliza hasta los inicios del siglo I aC, y la existencia de la metalurgia de la plata y el oro. Esta actividad orfebre viene reafirmada también por el hallazgo de un pendiente de oro del Edificio II, la presencia de actividad minera de este metal precioso en los depósitos aluviales micénicos de el valle ceretano, y por la recuperación de los crisoles con restos de cinabrio, un material necesario para amalgamar oro, utilizado para dorar productos de la antigüedad, y muy probablemente comerciado desde las minas de Almadén (Ciudad Real).